La aterradora historia de las Cuatachicas

Según el folcklore las cuatachicas son unos pequeños duendes, agresivos que se mimetizan en la naturaleza, son originarios de los bosques mexicanos, pero cuentan que una buena cantidad de estos duendes habitan en las selvas guatemaltecas.

Indican que las cuatachicas son extremadamente agresivas que incluso han causado grandes daños a las personas que han logrado verlas, han tenido peligrosas heridas por estos aterradores encuentros.

La historia de las cuatachicas sucede en:

En el kilómetro 22.5 de carretera a El Salvador, a la altura de la gasolinera Texaco “La Cuchilla”, hay un desvío a mano derecha que lleva hacia Santa Elena Barillas, pero si continúas recto, terminas llegando hasta Amatitlán. El trayecto de 29 kilómetros desde el cruce en carretera hasta Amatitlán incluye kilómetros y kilómetros de partes muy oscuras y silenciosas, con árboles frondosos que tapan la mayor parte de la luz solar. El lugar es muy poco transitado. Eso es durante el día. Por la noche, la historia es mucho más aterradora.

El relató es contado por varios trabajadores de Novex. Por ese lugar quedan las bodegas centrales y aunque les proporcionan transporte a todo el personal, para él fue mucho más fácil comprar moto ya que vive en Amatitlán.

Te invitamos a leer: Dos alacranes en la blusa de la Fiscal General

A diario cruzó aquella carretera de la que les hablo y nunca pasó nada extraño o digno de contar. Pero aquella noche en la que la moto se le apagó sin razón alguna vio y sintió cosas que aún mucho tiempo después de sucedidas lo ponen nervioso y continúan sin explicación. La moto se le apagó sin razón aparente. Todo estaba bien según me contó.

Se detuvo y la revisó con la lámpara led de su teléfono. Tenía gasolina, la instalación eléctrica se veía bien pero parecía muerta. El paso de la gasolina y el tanque bien, todo estaba bien pero la moto simplemente no funcionaba. Entonces, escuchó que entre las copas de los árboles algo se movía. Pensó en pájaros o ardillas. Incluso en monos debido a la fuerza con la que las copas de los árboles se movieron, pero al iluminar con su teléfono no vio nada.

Decidió llamar a su hermano para pedirle que llegara a traerlo, pero ¡Oh sorpresa! El teléfono no tenía señal. Aún estaba bastante lejos de su casa y ya bastante lejos de su trabajo. En esa carretera hay muchísimos árboles de jocotes de corona y el olor comenzó a llegar poco a poco hasta donde estaba intentando encender su motocicleta. Era inconfundible, los jocotes siempre han sido de sus frutas favoritas. Pero lo que pasó a continuación hace que cada vez que come o siente el olor a jocote, vuelva a su cabeza aquella noche.

El frío entraba a sus pulmones cuando recibió el primer golpe. Fue en el pecho y fue muy fuerte. El segundo fue justo en el dedo índice que tenía sobre el timón de la moto y el otro dio en la luz frontal. Eran jocotes que le lanzaban con muchísima fuerza desde arriba de los árboles. Los otros golpes llegaron por atrás, y luego la sensación de ser rodeado por pequeños seres que corrían a su alrededor y subían y bajaban de los árboles.

La lluvia de jocotes no se detenía. Intentó encenderla nuevamente, y fue entonces que un jocote le pegó con tal fuerza en el ojo derecho que casi perdió el conocimiento. En medio de la confusión, desconectó su moto y comenzó a avanzar sobre ella. Entonces, algo saltó sobre su espalda, algo pequeño, duro y con manos pequeñas pero muy fuertes. Lo tomó del pelo y comenzó a reírse de forma aterradora. A su alrededor y sobre los árboles se escucharon más risas igual que aquella.

El dolor en el ojo aún lo tenía desconcertado y asustado… ¡Muy asustado! No sabe si recibió más golpes, solamente sentía la sangre caliente correr por su cara y la fuerza que hacía con sus piernas para irse sobre su moto de aquel lugar. Y encendió. La moto finalmente encendió y se alejó escuchando muchísimas risas detrás y sobre él. El llanto se mezclaba con la sangre de su rostro y las manos le temblaban cuando al fin vio las luces de Amatitlán reflejadas sobre el lago.

Llegó a su casa y muy asustado le contó a su esposa lo que le había sucedido. El ojo lo tenía inflamado y sobre el párpado tenía un corte profundo. En el cuello y la espalda las marcas de garras y dientes estaban por todas partes. Incluso un mechón de su pelo fue arrancado desde la raíz. Y los moretones de los golpes de los jocotes lanzados con violencia tardaron varias semanas en desaparecer.

¿Qué fue todo aquello? ¿Qué o quién se reía de él en aquel lugar? No lo sabe, pero desde que se recuperó, toma un camino más largo para llegar a casa. No supera lo que le sucedió aquella fría noche.

Si te gusta este artículo de las cuatachicas compártelo en tus redes sociales

Te recomendamos leer: Consulta si te borraron de los beneficiados del Bono Familia

Si has sufrido alguna aterradora historia como la de las cuatachicas envíalo al email redaccion@sucesosgt.site

Vladimir Alvarado

5 años de experiencia en medios de comunicación, emprendedor, analista político, Creador y CEO de Sucesos Guatemala, Creador y CEO de Empleos y Oportunidades Guatemala, Mezcla notas periodísticas con optimización SEO, visionario, columnista de opinión en El Siglo Guatemala, Sucesos Guatemala y El Puerto Informa. Green Belt Lean Six Sigma. 8 semestres de ciencias Juridicas y Sociales en la Universidad Rafael Landivar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.